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DISTRITO 18: LA OTRA CARA DE PARIS

 

Paris, 2016.

La ciudad de París, es una de las ciudades más interesantes y excitantes en las que he vivido, es una ciudad llena de esplendor – donde brillan los turistas, brilla París, claro-  durante el dia puedes ver a cientos de transeúntes de todo tipo de nacionalidades, tomando una selfie en Notre Dame, compartiendo un café en Champs Elysées, o comprando un libro a los bouquinistes al lado del Sena. En cuanto a las noches parisinas, no hay nada más deleitable a la vista que las luces de la torre Eiffel reflejadas en las aguas impenetrables pero serenas del Sena a media noche, no existe poeta que no se haya quedado anonadado al ver París rendido a sus pies en Montmartre, incluso hasta Pigalle puede ser tentativo lugar para tomar un vaso de vino rojo y ponerle diente a una baguette a Le Lautrec, con la peculiar opción de lucir el conocido bonnet francés – para hacer notorio lo turista que eres. Sin duda, París es una de mis ciudades favoritas, no solo por la cultura, el arte y la gastronomía que alberga, sino también por las historias que esconde detrás de boulevard Voltaire y del quai de Valmy.

El vecindario de la Chapelle o distrito dieciocho es un barrio famoso. Pero, la fama que le precede no es la misma como la del barrio del Palacio Royal con su estrambótico museo del Louvre. No, el distrito dieciocho es mejor conocido por ser un vecindario inseguro, por los inmigrantes que deambulan con menuda frecuencia en sus calles y por el tráfico de droga que circula.

A decir verdad, me gustaría que estas líneas fueran escritas por las personas que hoy quiero dar voz… particularmente a una que cautivo mi atención, Sahir. Porque creo solemnemente, que unicamente ellos podrían hacerle justicia a sus emociones, a su verdad,  hacer justicia a la injusta percepción que se tiene de los inmigrantes. Pero es ya dificil que ellos se abran a sentimiento abierto ante un extraño, por tanto, voy a hacer lo mejor que pueda por representarles sin traicionar quienes son. Son jóvenes hombres, eritreos, sudaneses, libios, cristianos o musulmanes, casados o solteros, que han dejado su país desde hace mucho tiempo, y la mayoría de ellos ha transitado por Sudán, Libia e Italia. Son seres humanos que han vivido la escalofriante travesia del Mediterraneo, desde Lampedusa hasta Milan y que se encuentran ahora en París.

Algunos pueden  llegar a tener buen conocimiento del inglés o del italiano en minoría. Son personas que pueden ser tanto amigables, como reservadas a su vez, perseguidas por secretos quizás de un pasado lejano y marcadas por los obstáculos que la vida les ha puesto.  Después de casi tres meses de confianza, se abren lenta y gradualmente al diálogo, y conforme aprenden palabras, liberan tramas de su vida. Vivi junto con ellos momentos de luz, seguidos por momentos de desaliento. Ansiosos por aprender, conocer la romántica ciudad de París y descubrir Francia, descubrir el país donde la mayoría quiere quedarse.

A pesar de que en el vecindario de la Chapelle nos encontramos ante un escenario donde la depresión ha decidido asentarse, se les puede ver seguido en sus rostros las ganas de integrarse y ser aceptados  a una sociedad. Es posible incluso observar una luz que irradia de sus ojos ebanos cuando se habla del futuro. El futuro para muchos es como miel ante sus ojos, para otros es más que atisbos de ilusión.

Compartir té caliente y un pan de chocolate en una mañana fría, puede ser esa ocasion especial para indagar en sus místicas historias. Y es precisamente así que pude navegar en las aguas del mar Mediterráneo junto con Sahir.

Sahir, se le puede encontrar a menudo por el puente Valmy leyendo o escuchando música, junto con otros inmigrantes. Tenía unos ojos serenos y una barba de algunos días, cuando le conocí. Cuando comenzó a hablar de su historia, en un principio hablaba con sus manos cuando las palabras no venían a su boca. Sahir no tenia mas que 15 años cuando abandonó su país, Nigeria. Y su travesía no comenzó por huir de la pobreza como muchos otros, sino por ser musulmán, cuenta:

“una noche llegaron a mi casa, armados con hachas y barras de metal, y mataron a mi padre enfrente de mi, es por eso que deje mi pais: no quería terminar muerto. Y tampoco quería matar a nadie”

En ese momento, recuerdo que un sentimiento extraño se apoderó de mi cuerpo. Uno no se da cuenta del poder que pueden llegar a tener las palabras cuando tienen un sentimiento, una emoción de trasfondo. Prosiguió relatando que de donde él viene, los conflictos religiosos son donde dios deja de existir, entonces matar por un dios es normal, es justificable, los cristianos matan a los musulmanes y los musulmanes matan a los cristianos.

-Sabes – me dijo con una voz apenas audible- mi padre era alguien conocido, trabajaba para una compañía petrolera y patrocinaba programas de televisión musulmana durante el Ramadán.

Sahir dejó su país si traer alguna cosa consigo mismo. Caminó durante dias hasta llegar al Niger, una vez ahí, se montó a un autobús de comercio que lo dejó en Libia, donde fue dado a un grupo de personas para realizar el trabajo duro en una granja, luego fue forzado a  hacer limpieza y reparar ciertas cosas la casa principal de estas personas. Con el pasar del tiempo, Sahir fue ganándose la confianza de la mujer para la cual trabajaba, hasta que un día lo mandó a realizar algunas compras al mercado.

– Y fue entonces que me escapé- me dijó con sus ojos abiertos de par en par, luego con un aire desolado y una expresión amarga, agacho la mirada, y prosiguió como un murmullo:

– En ese momento, yo ya no sentia nada dentro de mi. Era una piedra… Había perdido todo: mi familia, mis amigos, mis estudios.

En el 2011, Sahid logró escapar a Tripoli. Para entonces, Libia estaba siendo azotada por manifestaciones y revueltas contra el coronel Gadafi y los inmigrantes clandestinos eran utilizados como palanca por parte del coronel para presionar a la Unión Europea. Sahid, fue pronto arrestado y puesto en un bote de madera, con aproximadamente 400 personas a bordo con dirección a Europa.

Yo no quería venir a Europa, no estoy lo suficientemente loco para arriesgar mi vida. Nunca soñé con llegar a Europa. Simplemente quería ir a un lugar donde pudiera estar en paz – decía como si intentara justificarse ante alguien.

Continuó diciendo que embarcarse en uno de estos botes y hacer este tipo de viajes, es sentir la muerte. El Mediterráneo puede ser lo suficientemente grande para hipnotizar a uno, decía plausiblemente, llega un momento en el que no se puede saber la diferencia entre el cielo y el mar. Sin nada que comer, rodeado de personas moribundas y otras muertas. Otros que optaron por terminar con su vida arrojándose al mar, mismo Sahir llegó a pensar en hacer lo mismo, pero tuvo el valor de seguir con su vida. Después de dos días, como Sahid describiría, los más terribles de su vida, llega a la isla italiana de Lampedusa.

Me sentí aliviado de llegar a suelo italiano, de verdad. – Me decía mientras daba sorbos al té de menta que le acababa de servir por segunda vez mientras me sentaba a su lado cerca del puente de Valmy.

Sin embargo, este alivio no duró más que un santiamén, pues la verdad de la situación callo ante sus ojos mas rapido de lo que Sahir pudiera haber esperado:

“Nos trataron como animales, como criminales, sentados en el suelo, sin asistencia médica, aun cuando algunas personas realmente necesitaban ayuda. Nos tomaron nuestras huellas digitales, nos registraron desnudos. Habia escuchado que Europa era libertad, democracia, pero no existe aquí, libertad e igualdad en el continente europeo, no existe cuando uno es migrante”.

Sahir, despues de esperar ocho meses por sus papeles, finalmente, hoy en dia trabaja en París, habla mejor Francés y come como un francés, pero, termina finalmente por decir:

“Siempre la gente nos va a criticar, diciendo que estamos aquí para tomar lo de ellos, cuando la mayoría de nosotros éramos estudiantes o doctores. Con buena situacion… Europa es sensible, con paz. Todos tenemos que aprender los unos a los otros en algún momento”.

El mundo esta lleno de historias, unas más agradables que las otras. Otras merecen permanecer en silencio y otras como la de Sahir, que merecen ser escuchadas, para ser entendidas. Los refugiados no están huyendo solamente de la pobreza, sino del peligro, la violencia, el hambre y la guerra.

Sahir, una historia mas en este mundo

-Por Marisol Romero