Populismo: herramienta milagro.

El tema de Derechos Humanos es uno de mis favoritos, no solamente porque es un tema muy delicado y controversial, sino porque es un tema que nos concierne a todos. Los derechos humanos se basan en el principio de respeto por el individuo y existen para proteger a la gente del abuso y negligencia del gobierno, los derechos limitan lo que un Estado puede hacer e imponen obligaciones sobre cómo éste debe actuar. Sin embargo, hoy en día una nueva generación de populistas está convirtiendo esta protección en «herramienta contra el pueblo». Los valores de los derechos humanos dependen fundamentalmente de la capacidad de empatizar y reconocer la importancia de tratar a otras personas del modo en que nosotros quisiéramos ser tratados y son especialmente vulnerables al discurso fácil de exclusión que promueven los demagogos.

Si bien, es un hecho que el populismo incrementa cuando hay desequilibrio social y económico en un país o región, es decir es una respuesta a un resentimiento de clases sociales. Ahora, si analizamos un poco, indudablemente el 2016 fue un año particular, de un lado tenemos el Brexit en Reino Unido y del otro las pasadas elecciones en Estados Unidos. No es de extrañarse que el atractivo de los populistas haya aumentado con el creciente descontento que existe en los países por un infinito -statu quo- en la sociedad internacional. En general, hay un sentimiento cada vez mayor de que los gobiernos y la élite ignoran las preocupaciones públicas.

A éste caldero de descontento se suman algunos políticos que están ganando fama por medio del populismo, cuyo marketing político es la protección –ficticia- de los derechos humanos, es decir, se impulsan de los problemas que sacuden a la sociedad en el momento actual, como la crisis migratoria y el terrorismo, para obtener votos. En este caso, los refugiados, las comunidades de inmigrantes y las minorías son frecuentemente -chivos expiatorios- de estos políticos, siendo una caratula frágil y frecuentemente violada.

Desde mi punto de vista, esta peligrosa tendencia amenaza con revertir los logros del moderno movimiento de derechos humanos. En sus primeros años este movimiento fue el resultado directo de las violaciones y atrocidades cometidas en la Segunda Guerra Mundial y la represión asociada con la Guerra Fría. Donde los Estados adoptaron una serie de tratados de derechos humanos para limitar y disuadir futuros abusos. Pero hoy en día, un número cada vez más creciente de personas ha llegado a ver los derechos humanos no como para protegerlos, sino como para socavar los esfuerzos gubernamentales para defenderlos.

Por ejemplo en Estados Unidos y Europa, la amenaza que se percibe constantemente es la migración, aquí se cruzan preocupaciones sobre identidad cultural, oportunidades económicas y terrorismo. Esta tendencia, es frecuente animada por los populistas, y una gran parte de la población en estos países ve los derechos humanos, como si estos protegieran solamente a esta parte de la población (migrantes, solicitantes de asilo, refugiados…) y no al resto.

El coctel perfecto de represión.

En este punto me gustaría hacer hincapié en la famosísima « retorica de Trump » pues su misma campaña fue un ejemplo maestro de esta política de cero tolerancia, algunas veces abierta y otras veces con códigos e indirectas. Se enfocó en el descontento de muchos estadounidenses (estancamiento económico y una sociedad cada vez más multicultural) y de cierta forma quebrantó los principios básicos de dignidad e igualdad. Se burló de un periodista con discapacidad e incluso comprometió en cierto sentido, de revertir la posibilidad de que las mujeres controlaran su propia fertilidad. Aunado a esto, gran parte de su campana se basó en atacar los acuerdos de comercio y economía global. Pero también culpabilizó arbitrariamente a los migrantes indocumentados de quedarse con los empleos de los estadounidenses. En  Europa, ocurrió un movimiento populista similar y como ejemplo flagrante de esta tendencia tenemos el famoso Brexit, donde se intento adjudicar o mejor dicho atribuir el estancamiento económico a las migraciones, esperando poner alto a este flujo migratorio votando a favor del brexit. Estos temas candentes, inevitablemente resultaron en miedo, tensión, división…un coctel perfecto para justificar más represión.

Es verdad que ningún gobierno está obligado a admitir todas las personas que lleguen a dicho país, no obstante, el Derecho Internacional limita las medias que se pueden tomar para controlar las migraciones. Las personas que buscan asilo deben tener la posibilidad de una audiencia justa y, si se determina que sus reclamos son válidos, se les debe dar refugio. Nadie debe ser obligado a regresar a un ambiente de guerra, persecución o tortura. Con algunas excepciones, deberían establecerse medidas para que los inmigrantes que han pasado muchos años en un país o han establecido allí vínculos familiares puedan regularizar su situación. La detención no debería ser arbitraria, y los procedimientos de deportación deben asegurar las garantías de debido proceso. Ninguna persona debería ser discriminada en cuestiones de vivienda, educación ni empleo.

En Europa específicamente, algunos políticos justifican la hostilidad hacia los  inmigrantes (sobre todo musulmanes) sugiriendo que estas comunidades desean replicar la privación de derechos de la que son víctimas mujeres, homosexuales y lesbianas en algunos de sus países de origen. No obstante, la respuesta adecuada a estas prácticas represivas es rechazarlas, ya que son el motivo del desplazamiento de muchos inmigrantes y asegurar que todos los miembros de una sociedad respeten los derechos de todos los demás.

Por tanto, el populismo –en todos sus usos variados- parece poco más que un latiguillo que busca dar credibilidad conceptual a nociones más antiguas y menos sofisticadas, como demagogia, autoritarismo, nacionalismo o vulgaridad. En este punto, se utiliza con frecuencia para desacreditar ciertas ideas o decisiones de política económica heterodoxas, asociando a las personas o gobiernos que las llevan adelante a cosas desagradables, como la xenofobia. Mete en una misma bolsa cosas que no pertenecen a un mismo conjunto y, al mismo tiempo, crea barreras mentales que nos impiden comparar cosas que son perfectamente comparables. Se ha convertido en un término de combate profundamente ideologizado, su valor como concepto para entender la realidad –si alguna vez lo tuvo- se ha extinguido.

En otras palabras, el populismo nos invita a cerrar filas alrededor de la democracia liberal (una democracia de alcances limitados) para combatir a un solo monstruo compuesto por todo lo demás, en cuyo cuerpo indiscernible conviven  (neonazis, keynesianos, caudillos latinoamericanos, socialistas, charlatanes, anticapitalistas, corruptos, nacionalistas y cualquier otra cosa sospechosa).Y el problema es que esa forma de razonamiento nos impide ver dos hechos fundamentales:

  • Primero, que dentro de esta masa de elementos “populistas” hay algunos que definitivamente son una amenaza a la democracia, pero también ideas, experimentos políticos y organizaciones que tienen el potencial de ofrecer formas mejores y más sustantivas de democracia para las sociedades modernas.
  • Segundo, que el propio liberalismo, con sus valores individualistas, su ethos productivista y su compromiso irrestricto con los intereses de los empresarios es, de hecho, una de las mayores amenazas que corren las democracias actuales.

Finalmente, creo que el populismo que imparten ciertos demagogos en la actualidad es una verdadera amenaza para los derechos humanos, pero no es la única. Los representantes políticos acicalan esta ideología sirviéndose de los valores volátiles de los derechos humanos, para causar más daño a una sociedad internacional ya sangrada. Fomentan la xenofobia, islamofobia y la desigualdad e intensifican  a su vez antipatía hacia los mismos derechos del hombre, en un mundo donde el nativismo suele valorarse más que el globalismo.  En pocas palabras, el populismo es una simplemente respuesta frustrada que busca señalar culpables; el pueblo tenderá a victimizarse y defenderse  por medio de la violencia, lo cual de cierta forma es legitimo. Y las figuras políticas que embanderen el populismo, van a captar y expresar el resentimiento del pueblo, prometiendo respuestas milagro, sea en materia de derechos humanos sea en cualquier problemática social por la que atraviese ‘x’ nación.

 

 

Dato curioso: El populismo y el adjetivo populista fueron términos académicos antes de transformarse en expresiones de uso común. El término « populismo » fue utilizado por primera vez hacia finales del siglo XIX para describir un cierto tipo de movimientos políticos. Apareció inicialmente en Rusia en 1878 como Narodnichestvo, para nombrar una fase del desarrollo del movimiento socialista vernáculo.

 

Referencias:

Germani, G. Authoritarianism, Fascism, and National Populism.
L.Bouvet. Le sens du peuple: La gauche, la démocratie, le populisme. Gallimard, 2012.
Webber, M. (1922). Économie et Société. University of California Press.

 

 

P.D: Te invito a darme tu punto de vista sobre populismo: bueno, malo o solo una herramienta al poder de los demagogos?

 

Por Marisol Romero

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One Reply to “Populismo: herramienta milagro.”

  1. Fernando Romero

    Es una descripción muy completa en la cual impera la historia de la humanidad Todo cambió social y humanitario en el mundo tiene que llevar por fuerza el populismo el populismo es la unidad de fuerza realizada por los dirigentes de países y regiones y no confabula a la alta sociedad ni a la burocracia pero si tiene que ver mucho con la demanda de una democracia digna congruente y equitativa

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