Manos de Maíz

MÁS DERECHOS PARA LA MUJER RURAL

 

Sabe que es hora de levantarse cuando los primeros destellos del alba alumbran sigilosamente su recamara. Desayuna y con el radio de fondo, se pone la ropa para trabajar. La labor empieza a las 6:00, pero ella debe lavar antes un poco de ropa a mano y hacer desayuno para los críos. Cuando termina, despierta a los hijos, los viste, les da el desayuno,  y los lleva a la escuela. Entonces si, a trabajar hasta pasado el mediodía. Se seca unas gotas de sudor salado que recorren a todo vigor su frente…. ¡Es hora de la comida! Exclama poco animada dejando al lado el maíz que lleva en mano, se encamina hacia la escuela para recoger a los hijos, llevarlos a casa y estar con ellos hasta que se agotan y finalmente, entre peros y excusas, logra ponerlos en cama.  El silencio vuelve a llenar los huecos de su humilde morada, se encuentra mirando el ocaso de otoño, dejándose llevar por el dulce deseo de su pensar, ¡Cuánto le gustaría cambiar de vida! dedicarse a otra cosa, si tuviera tan solo la oportunidad, a algo menos esclavo y que sea más suyo.

La protagonista de esta historia no tiene un nombre, sino que son muchos los nombres que comparten esta historia, es la travesía de miles de mujeres que trabajan en el campo, como sus parejas, pero que no gozan de las mismas oportunidades que ellos, y  que durante el andar del tiempo, se marchitan con sus grandes ideas y sus corazones vivos  llenos de energía inagotable.

Actualmente alrededor del 76% de las personas en pobreza extrema sobreviven en zonas rurales y las mujeres campesinas son clave fundamental para conseguir cambios económicos, sociales y ambientales necesarios para el desarrollo sostenible, pero el acceso de estas mujeres a un crédito, a la asistencia sanitaria y educación es verdaderamente limitada, siendo gravemente un reto más de los muchos a los que se enfrentan. Empoderar a este colectivo es fundamental para el bienestar de las familias y comunidades rurales, así como para la productividad económica en general, debido a la amplia presencia de mujeres en la mano de obra agrícola mundial.  Ergo, asegurar que las mujeres rurales tengan acceso a recursos eficientes para llevar las tareas del campo, es vital para disminuir el hambre y la pobreza.

Sin embargo la desigualdad entre hombres y mujeres, sigue siendo un reto que perjudica a la sociedad en todos los niveles del desarrollo. Las injusticias, la violencia y los estereotipos que afectan la vida de miles de mujeres – no solamente rurales- tanto personal o profesional, debilitan a toda la sociedad y privan de un gran potencial de creatividad, fuerza y confianza. Dicho esto, le he de dar la razón a la activista Gloria Steinem con su frase:

“La historia de la lucha de las mujeres por la igualdad no pertenece a las feministas, sino a todos los hombres y mujeres que luchan juntos por la afirmación de los derechos humanos”.

Aquí la cuestión en puerta es el sentido común: todos tenemos interés en promover la igualdad entre hombres y mujeres en todos los niveles de la sociedad, tanto en los campos agrícolas hasta en las asambleas parlamentarias, administración de empresas o en las calles de nuestras ciudades y pueblos. De acuerdo a datos de la UNESCO, las mujeres en las zonas rurales son responsables de la mitad de la producción alimentaria del mundo, siendo estas las que gestionan y recolectan los recursos naturales. Desafortunadamente, el escenario se torna gris cuando éstas vuelven a casa, pues el 90% de las violaciones en el mundo ocurren justamente cuando van por los caminos para recoger leña o agua. Pero la historia no termina aquí, una de cada tres mujeres es víctima de violencia física en su vida privada, dos tercios de los adultos analfabetos en el mundo son mujeres y la brecha salarial entre hombres y mujeres, por el mismo trabajo y las mismas competencias, es una realidad a escala mundial.

Tan solo en México, las mujeres campesinas trabajan 31 horas más que los hombres, siendo alrededor de 89 horas las que laboran por semana, sin embargo el 38% de las mujeres rurales no tienen ingresos propios frente al 14% de los hombres en America Latina y el Caribe.

The Hunger Project en México enumera cinco puntos claves para promover un contexto favorable que podria detonar el empoderamiento de las mujeres rurales:

  • Reconocer los derechos de las mujeres campesinas, es decir, la desigualdad de género es la principal razón por la que ellas no acceden ni ejercen sus derechos humanos básicos, como lo son: el derecho a la alimentación, acceso al agua y saneamiento, educación y salud, y una vida libre de violencia.
  • Reconocer el papel de la mujer rural en el derecho a la alimentación. De cumplirse los derechos de las mujeres rurales se  podría  producir entre 20 y 30% más de alimentos, por lo que es urgente reconocer su aporte asegurando el derecho a la alimentación, la producción de alimentos y la adaptación al cambio climático.
  • Promover el empoderamiento económico de las mujeres, puesto que las mujeres rurales son agentes clave en el desarrollo económico, social y ambiental de sus comunidades. Por lo tanto es clave que cuenten con acceso a la educación, empleos dignos y los ingresos necesarios para garantizar su bienestar.
  • Es urgente promover la participación política de las mujeres rurales en las políticas públicas, buscar que se promueva el liderazgo de las mujeres rurales. La mayoría de las políticas públicas vigentes distribuyen recursos financieros con un enfoque asistencialista sin generar los cambios necesarios a largo plazo. También discriminan a las mujeres considerando sus actividades como marginales y relegando a las mujeres a la esfera doméstica.
  • Reconocer el papel central de las mujeres rurales en la implementación de la Agenda 2030 : En el 2015 el gobierno mexicano tomó el compromiso de avanzar hacia la igualdad de género y los derechos de las mujeres, temas transversales en la Agenda 2030   y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Los objetivos destacan las metas de poner fin al hambre  y erradicar la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo, y proclaman la necesidad de alcanzar la igualdad de genero y empoderar a todas las mujeres y niñas  para lograr un mundo libre de hambre y de pobreza extrema.

NO basta con redactar leyes que favorezcan la visibilización de la mujer, sino que hay que desarrollar estas herramientas para implantarlas con éxito. Hay que implicar a los agentes locales en el desarrollo de actividades que permitan que la sociedad rural se dé cuenta de que sin mujeres no hay vida en los pueblos. Hay que entender que la desigualdad que sufren las mujeres rurales es también una forma de violencia de género, y sobre todo hay que apoyarlas en su lucha cotidiana.

Si te interesa: en mayo 2017 la FAO lanzó una convocatoria con motivo de la mujer rural, he aquí la  historia ganadora en la categoría de relatos de vida , asi como  las menciones honorificas en la misma categoría.

Y tú, ¿conoces a alguna mujer con manos de maíz?

-Por Marisol Romero

Ilustracion por Manu Guerra

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