Día naranja

Ella es quien trabaja en los campos amenazados por el narcotráfico…

Ella es quien es menos preciada en su trabajo por el simple hecho de ser mujer…

Ella es quien abandonó su país con la promesa de un buen trabajo y terminó siendo forzada a realizar trabajo sexual…

Ella es quien gana el sustento, quien trabaja la tierra, la periodista, la maestra, la doctora, la parlamentaria, la indígena, la madre, que contribuye cada día con su esfuerzo a la familia, sociedad y economía.

Y es ella quien sufre de violencia y en silencio se lo guarda para sí misma.

Día naranja.

La violencia contra las mujeres necesita ser entendida no como una patología de los individuos perpetradores y de las víctimas, sino como una VIOLACION a los DERECHOS HUMANOS de ALCANCE UNIVERSAL,  mediada en cada caso por aspectos de la identidad que van más allá del género, como raza, clase, casta, religión, orientación sexual, grupo étnico y situación geográfica.

La violencia contra la mujer es un obstáculo para el ejercicio de los derechos humanos fundamentales. Tiene sus raíces en la discriminación, las normas sociales y los estereotipos de género que la perpetuán. A pesar de que es un problema endémico que se presenta en nuestras realidades cotidianas, tanto en espacios públicos como privados, es un problema aún más punzante para las mujeres indígenas. ¿Por qué? Porque la violencia de género hacia ellas es definida no solo por la discriminación dentro de los contextos indígenas y no indígenas, sino por un contexto de continua colonización y militarismo, racismo y de exclusión social, políticas económicas y de desarrollo, que aumentan la pobreza.

Para combatir la violencia contra las mujeres indígenas, el FIMI hace énfasis en el reconocimiento de los derechos colectivos de los Pueblos Indígenas y considera éste argumento como elemento clave para las iniciativas antiviolencia.

Para las Mujeres Indígenas la violación sistemática a sus derechos colectivos como Pueblos Indígenas es el factor de mayor riesgo para la violencia de género, incluyendo la violencia perpetrada dentro de sus comunidades.” –  Mairin Iwaka Raya.

Es por ello que se debe ubicar la intersección de tres ámbitos interrelacionados: los derechos de los pueblos indígenas, los derechos humanos y los derechos humanos de las mujeres, en otras palabras, se debe reconocer y respetar los derechos colectivos de los pueblos indígenas, garantizando el reconocimiento legal de sus territorios ancestrales. Porque sus territorios son la base de sus identidades, su cultura, economías y tradiciones.

La vida cotidiana de las mujeres indígenas puntualizan la necesidad de contar con un punto de vista teórico que reconozca la casi universalidad de la violencia contra las mujeres y las particularidades de las experiencias de las Mujeres Indígenas, y se debe hacer énfasis en los principios de universalidad y la indivisibilidad de los derechos.  Es decir, por universalidad quiero decir que toda mujer en el mundo puede ejercer una serie de derechos sin excepciones basadas en cultura, tradición o religión. Y por indivisibilidad, a que las mujeres indígenas solo podrán disfrutar de una vida sin violencia cuando los derechos colectivos de sus pueblos sean respetados.

Ejemplo: los grandes accidentes con desechos tóxicos acontecidos en los territorios de los Pueblos Indígenas en muchas partes del mundo han causado un aumento en el número de abortos espontáneos, cáncer y otras enfermedades entre las Mujeres Indígenas. En estos casos, los derechos humanos individuales de estas mujeres están siendo violados, pero también están siendo violentados sus derechos colectivos porque los desechos tóxicos deterioran los territorios de los Pueblos Indígenas, propiedades colectivas administradas por los Pueblos Indígenas.

El entender la violencia contra las mujeres desde una perspectiva indígena requiere interrogarse sobre las formas en que la violencia de género es concebida.  En el Estudio de Violencia contra las Mujeres del 2006 , categorizan a la violencia de género como actos que ocurren en la familia, en la comunidad y en el Estado. Sin embargo, es  necesario cuestionarse la utilidad de estas categorías desde una perspectiva indígena: ¿Qué tipos de violencias son resaltadas cuando utilizamos estas categorías? ¿Qué tipos de violencias son ocultadas? ¿Cómo contribuyen u obstaculizan estas categorías nuestra capacidad para abordar nuevas formas de violencia emergentes a nivel mundial?

Para responder a estas preguntas, las personas que formulan políticas, profesionales de derechos humanos y activistas por los derechos de las mujeres, en su mayoría asumen que la designación de “familia” se refiere a la familia nuclear (padre, madre e hijos) en un hogar individual. En este contexto, la violencia es considerada como estructurada por relaciones de poder dentro de la familia y reforzada por el aislamiento de las mujeres dentro del hogar. Sin embargo las estrategias para combatir la violencia contra las mujeres que son predicadas en este modelo de familia posiblemente no sean útiles para las Mujeres Indígenas, porque muchas no viven bajo estas formaciones.

Ahora los parámetros del término comunidad en tanto a la violencia contra las mujeres, pueden ser diferentes para los Pueblos Indígenas y no indígenas. El concepto de comunidad dentro del marco de los derechos humanos es fijo en términos temporales y limitado al presente. Pero muchos Pueblos Indígenas consideran tanto a los ancestros como a las generaciones venideras como integrantes de sus comunidades. En éste punto de vista no es una noción mística separada de la vida diaria, sino que es un elemento práctico en la toma de decisiones que puede tener implicancias tanto en la protección o en las violaciones a los derechos de las mujeres. Las estrategias efectivas de antiviolencia deben reconocer y abordar las formas específicas en que las Mujeres Indígenas son atacadas, algunas de las cuales no son aplicables a las mujeres no indígenas.

La Declaracion sobre la Eliminacion de la Violencia contra la Mujer de las Naciones Unidas en 1993, define violencia contra las mujeres como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer”. Pero la identidad de género de las Mujeres Indígenas está muchas veces relacionada a sus roles como líderes espirituales de sus pueblos, ellas sufren formas particulares de abuso y sufrimiento en ámbitos que van más allá de lo corporal (mencionadas como violencia física y sexual en la Declaración). De la misma manera, porque las Mujeres Indígenas participan en la identidad colectiva de sus pueblos, no necesariamente reconocen el daño o sufrimiento producido por la violencia contra las mujeres solo dentro de los parámetros del pensamiento individual (como lo indica el término de “violencia psicológica” mencionado en la Declaración).

Mismamente el lenguaje de la Declaración ignora las manifestaciones significativas de violencia contra las Mujeres Indígenas al excluir los términos que reconocen las experiencias de violencia de las Mujeres Indígenas, es por ello que organismos como el FIMI, intentan presentar el concepto de violencia ecológica para dar cuenta de las formas en que la salud, las formas de vida, el estatus social y la supervivencia cultural de las Mujeres Indígenas están siendo amenazadas por las políticas y prácticas que afectan negativamente a la tierra, su estabilidad climática y sus diferentes ecosistemas. Además, el FIMI intenta agregar la categoría de violencia espiritual,  para hacer relación entre la violencia contra las mujeres y el ataque sistemático contra las prácticas espirituales indígenas.

Para términar, se debe distinguir las diferencias entre la violencia de género y la violencia contra las mujeres, estos conceptos muchas veces son utilizados de manera intercambiable. Por ejemplo, algunas manifestaciones de violencia contra las mujeres (como el desplazamiento forzado) pueden no estar basadas en el género. Su designación como actos de violencia contra las mujeres deriva del impacto desproporcionado que tiene en las mujeres. Por el contrario, los actos de violencia de género, los cuales pueden ser dirigidos tanto hacia los hombres como a las mujeres, deben ser entendidos como basados en el género en sus intenciones. Tal como es el caso de las sistemáticas torturas y humillaciones de los detenidos iraquíes en la prisión Abu Ghraib cometidas por las fuerzas estadounidenses consistieron en parte en un ataque a la identidad de género de los detenidos (forzándolos a vestir ropas de mujer).

Las distinciones entre la violencia contra las mujeres y la violencia de género merecen ser clarificadas, ya que pueden tener importantes implicaciones en los esfuerzos de crear políticas y programas para erradicar la violencia.

 

VISTETE DE NARANJA CADA DIA, TODOS LOS DIAS.  POR TI, POR ELLAS.

 

 

-Por Marisol Romero .

Ilustración por Denise Pequignot.

 

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4 Replies to “Día naranja”

  1. Socorro araiza

    Excelente, y este mal se incrementa la violencia en contra de la mujer un alto índice de niñas menore violadas físicamente, como explotadas trabajando.

    • marisolromero

      Desafortunadamente asi es, es un problema endemico en todas las sociedades. Esta en nosotros aportar nuestro grano de arena en nuestra sociedad para acabar tal mal.

  2. Angélica Balancán

    ¡Antes que nada Felicidades, por tus logros y metas cumplidas!
    Ahora una pregunta, Como ciudadanos, comunes y corrientes, sin ningún tipo de poder para promulgar leyes y mismo lanzar propuestas para comunidades indígenas (o no). ¿Cuál es nuestro rol? ¿Por dónde comenzamos? ¿A quién tenemos que salvar o matar para mejorar el sistema?

    • marisolromero

      Hola. Gracias por leerme !!! Nuestro rol como ciudadanos, individuos, como seres humanos, es que si se lucha por la promoción y protección de los derechos humanos es nada mas y nada menos que empezar con uno mismo. En tu comunidad, ciudad puedes involucrarte a nivel local, sea iniciando un grupo o uniéndote a uno.. Normalmente los grupos locales pueden difundir las campañas de amnistía poniendo mesas informativas en eventos musicales, bares o festivales. Otra forma es reunirte con políticos, exponiendo el tema y lo que quieres de ellos… hacer presión. No es fácil y requiere de tiempo y dedicación. Pero en nosotros está la diferencia, pequeñas acciones son las que pueden cambiar el mundo, de hecho, es lo único que siempre lo ha conseguido: la gente unida y comprometida ante un objetivo.

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